Levandor se sostiene sobre dos cosas: la montaña que la carga y el pozo que la alimenta. El Abismo es lo segundo, y sin él la ciudad no habría sobrevivido ni su primer siglo.

Lo que se sabe

Nadie conoce su fondo. Generaciones de mineros, cultivadores y guardias bajaron capa tras capa sin que nadie llegara a un límite. Lo único constante es la regla no escrita de todo el que trabaja ahí adentro: cuanto más profundo se baja, menos gente vuelve a subir.

“Cuanto más profundo se baja, menos gente vuelve a subir.”

El Abismo se organiza en capas, cada una con su propio recurso, su propio riesgo y su propia gente.

Las capas

Capas superficiales

Donde todavía llega algo de humedad y calor residual. Ahí crecen los hongos que forman la base de la dieta de Levandor, cultivados y cosechados por los cultivadores para distribuirse en los mercados de la ciudad. No tienen ninguna propiedad especial. Simplemente crecen donde poco más puede hacerlo, y eso basta para que sean el alimento más accesible de la ciudad.

Napas subterráneas

Un poco más abajo se recolectan las reservas de agua, almacenadas en depósitos excavados dentro del propio pozo antes de subir a la superficie. El agua no tiene propiedades mágicas ni nada que la vuelva especial, pero en Levandor el agua limpia nunca se da por sentada. Ocasionalmente los depósitos albergan criaturas que los guardias deben eliminar antes de que la recolección pueda seguir.

Capas medias

Acá se extrae la eternita. Recién sacada es de color claro, se la considera virgen, y es de los pocos materiales capaces de retener y almacenar corrupción, algo invaluable en un mundo donde la podredumbre lo consume todo. La Iglesia de la Última Llama la usa en rituales de purificación y como símbolo de pureza. Cuando se satura de corrupción se vuelve negra y cristalina, pierde su capacidad de contención y pasa a considerarse desecho peligroso, aunque la Orden de la Carne Marchita la busca activamente para sus propios rituales.

Capas profundas

Por debajo de las napas de agua se extrae la cenistra, uno de los recursos más versátiles de Levandor. Se conserva húmeda al sacarla, porque al contacto con el aire seca y se endurece. Tiene tres estados: húmeda, maleable y fácil de moldear; seca, endurecida como barro y útil para construcción básica; y tratada con calor extremo, con una resistencia similar al acero, apta para herramientas y armadura. Ese tratamiento térmico lo hacen herreros enanos, los únicos con el conocimiento necesario para lograrlo.

Lo que hay más abajo

De ahí para abajo, nadie tiene certezas. Se habla de un frío que no debería existir tan cerca del centro de la tierra, y de una negrura que ninguna antorcha logra atravesar del todo. Los mineros veteranos evitan el tema. Los nuevos, tarde o temprano, dejan de preguntar.

Ocasionalmente alguien vuelve con Veldrum, no extraído sino encontrado en las profundidades: algún objeto antiguo que sobrevivió intacto mientras todo a su alrededor se degradaba. Los hallazgos son raros, pero alcanzan para que la gente siga bajando.