Quiénes son
No son una organización en el sentido tradicional. No tienen jerarquía visible, no marchan en procesión ni se declaran abiertamente. Son una convicción que se propaga en susurros, en sótanos, en los rincones más oscuros de Levandor. Células dispersas que muchas veces ni siquiera se conocen entre sí, unidas por una creencia que la Iglesia de la Última Llama considera la herejía más profunda de todas: que la Podredumbre no es una maldición, sino el estado natural al que todo, tarde o temprano, debe llegar.
Sus miembros la veneran como la verdadera naturaleza del mundo y practican la Magia Marchita, una forma de magia que solo puede invocarse desde la corrupción, sin canal fijo y sin los límites de las otras tres. Cuanto más se usa, más rápido avanza la corrupción de quien la practica, así que nadie que se sumerge demasiado en ella sigue siendo reconocible como lo que era.
Para la Orden, quienes combaten la corrupción no se están protegiendo. Están resistiendo lo inevitable. Los sellos, las bendiciones y el fuego no son salvación, son una demora patética frente a algo que ya ganó. La Podredumbre no destruye, transforma, y ellos quieren ser parte de esa transformación.
Cómo operan
Actúan en total secretismo, pero no son pasivos. Asesinan sacerdotes cuando pueden, sobre todo a los involucrados en rituales de contención, y apuntan a figuras influyentes de la ciudad buscando desestabilizar las estructuras que mantienen la corrupción a raya. Donde no pueden atacar directamente, corrompen: se acercan a los más vulnerables, a los desesperados, a los que ya no tienen nada que perder, y les ofrecen una narrativa donde la Podredumbre deja de ser el enemigo y pasa a ser la salida.
Se exponen deliberadamente a la corrupción y buscan el contacto con zonas infectadas.
El Barrio Antiguo
Para la Orden es un lugar sagrado, la prueba viviente de lo que Levandor podría llegar a ser. Se rumorea que existe un templo oculto en algún punto de la ciudad, aunque nadie fuera de la Orden sabe dónde queda ni qué ocurre adentro.
El objetivo
Su meta es absoluta: que la corrupción consuma Levandor y, eventualmente, todas las Tierras Podridas. No negocian ni se alían con nadie. Trabajan en silencio, sin apuro, convencidos de que el tiempo está de su lado y de que tarde o temprano el resto del mundo los va a acompañar en la caída.
Por qué son la amenaza más difícil
La Iglesia los considera el enemigo más difícil de combatir, no por su fuerza sino por su invisibilidad. Un miembro de la Orden puede ser el escriba del Barrio de los Nobles, el trabajador del pozo, el comerciante del mercado. Cualquiera. No hay forma de reconocerlos por fuera, y esa es exactamente la razón por la que nadie en Levandor está del todo a salvo de ellos.