Quiénes son

Los Eldorianos son, por lejos, el pueblo más numeroso de las Tierras Podridas. Vienen de Edrath, un mundo superpoblado y fragmentado en reinos que sobreviven en un equilibrio frágil y violento, donde las guerras breves, las purgas políticas y los cambios de poder no son una crisis sino el funcionamiento normal de las cosas. Nadie cruza el Portal de Balazar por elección propia: Edrath lo usa como método de descarte, y criminales, prisioneros de guerra, disidentes políticos o simplemente gente que estuvo en el lugar equivocado terminan del otro lado sin apelación posible.

Ser el pueblo más numeroso tiene su peso en Levandor. La ciudad fue fundada por un Eldoriano, Evarth Ignar, y hoy la gobierna un Barón de su misma sangre. La Iglesia de la Última Llama, el mayor poder político y espiritual de las Tierras Podridas, nació de la fe eldoriana y sigue siendo mayoritariamente suya. Pero nada de eso los vuelve inmunes a la Podredumbre. Los Eldorianos se adaptan rápido a cualquier circunstancia, y esa misma flexibilidad los vuelve presa fácil de la corrupción: absorben las tensiones del entorno con más facilidad que otras razas. Casi todos llegan rotos, y casi todos cambian.

Tres linajes marcan a la mayoría de los Eldorianos que hoy viven en las Tierras Podridas:

Ignar

El linaje más antiguo, reconocible por su cabello rojizo, y el que fundó la Iglesia. Sus descendientes suelen ocupar posiciones de liderazgo y cargan un orgullo pesado por el exilio impuesto a sus antepasados.

Arden

El más numeroso y el más común entre los recién llegados. Pragmático y sin ataduras religiosas particulares, gente acostumbrada a administrar, comerciar y sostener instituciones antes que a liderarlas.

Corven

El más minoritario de los tres, y también el más temido: exploradores, jueces y guardianes de secretos, con fama de saber siempre más de lo que dicen.

Cómo pelean

Un Eldoriano que combate en las Tierras Podridas suele caer en uno de dos caminos. Está el soldado, forjado en la disciplina marcial de Edrath: pelea en formación, cubre a sus aliados, sabe leer el ritmo de un combate antes de que empiece y convierte una orden a tiempo en la diferencia entre ganar y perder. Y está el sacerdote, que no pelea con acero sino con la fe de la Última Llama hecha fuego: cura, purifica y quema lo corrupto, aunque cada plegaria que invoca lo acerca un poco más a la misma corrupción que combate.

Entre esos dos extremos están los paladines, la combinación de ambos caminos: guerreros de fe que llevan el fuego sagrado a la primera línea de batalla. No son la mayoría, pero representan lo que la Iglesia considera el ideal eldoriano, alguien capaz de sostener un escudo y una plegaria al mismo tiempo.

Jugá un Eldoriano si querés...

  • Estar en el centro del poder de Levandor, cerca del Barón, la Iglesia o los linajes que mueven la ciudad.
  • Interpretar a alguien atrapado entre la culpa y el orgullo de un exilio que no eligió.
  • Combinar fe y espada, o elegir uno de los dos caminos por completo.
  • Cargar con un linaje (Ignar, Arden o Corven) que pesa en cómo te tratan los demás.

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