Quiénes son

Los Istar provienen de Sahraem, una tierra donde el agua era escasa y la piedra valía más que el oro. Desde tiempos antiguos trabajaron junto a los Scarab en una relación que definió a ambos pueblos: los Scarab abrían los túneles, los Istar los guiaban. Generaciones enteras conviviendo con la roca los convirtieron en constructores, cartógrafos y maestros del subsuelo. Cuando Sahraem empezó a morir, cruzaron el Portal buscando un futuro, y los Scarab los siguieron, porque sin tierra que abrir, uno no es nada sin el otro.

Entre los Istar existe una orden antigua, los Discípulos de la Montaña: guerreros-monjes que entrenan con látigos en las cumbres más inhóspitas de Sahraem, donde el viento corta y la roca enseña paciencia. Su filosofía es el estoicismo llevado al cuerpo: no quejarse, no apurarse, actuar solo cuando es el momento exacto. Veneran al Eterno, un dios que no habla, no castiga y no premia, simplemente está, como la piedra. No construyen templos porque para ellos toda roca ya es uno. En las Tierras Podridas los Istar siguen leyendo el subsuelo con una afinidad que bordea lo mágico: detectan vetas, terrenos inestables y cavidades antes de que nadie más las vea, mientras los Scarab hacen el resto.

Cómo pelean

Un Istar pelea con dos herramientas que parecen opuestas y no lo son: el látigo y la piedra. Con el látigo golpean desde una distancia donde el enemigo cree estar a salvo, desarman, enganchan superficies para trepar o cruzar sin gastar movimiento de más, y saben quedarse quietos preparando un contraataque cuando la mayoría solo sabría avanzar. No hay floritura en un Istar: cada golpe tiene un propósito, y prefieren un impacto certero a tres desperdiciados.

Con la piedra convocan lo que ya estaba esperando bajo tierra. Arrancan pedazos de suelo para golpear a distancia, fracturan el terreno bajo los pies del enemigo, levantan muros que cortan línea de visión y movimiento, o sacuden el suelo entero para derribar todo a su alrededor. Cada uno de esos poderes tiene su costo: la piedra no se convoca gratis, y usarla acerca al Istar un poco más a la Podredumbre. Fuera del combate directo, esa misma conexión con la roca les permite leer capas enteras de terreno o desplazarse por él a una velocidad que nadie esperaría de alguien tan disciplinado.

Jugá un Istar si querés...

  • Pelear con paciencia y precisión, esperando el momento exacto en vez de atacar primero.
  • Manejar tanto el látigo como el poder de la roca misma, cuerpo a cuerpo y a distancia.
  • Interpretar a alguien formado en una disciplina casi monástica, estoica, silenciosa.
  • Leer el subsuelo y el terreno como otros leen un libro.
  • Cargar una fe distinta al resto de las Tierras Podridas, silenciosa, sin templos ni plegarias.

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